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Por qué Enrique Martín se merecía continuar

Después de que el Albacete Balompié lograse la permanencia en LaLiga 1|2|3, en mi mente rondaban ideas contrapuestas. Por un lado, soy de los que pensaba que Enrique Martín era merecedor de comenzar la próxima temporada al frente del equipo. Por otro, lo plasmado por los manchegos sobre el verde en las últimas once jornadas de competición me convencía cada vez más de que el técnico navarro no tenía mucho más que aportar al club. Sin embargo, una vez conocida la decisión tomada por la junta directiva, en la que prescinden de los servicios de Martín, me decanto más por la primera postura. Y les voy a decir por qué.

Cierto es que no hemos jugado a nada desde la llegada de ‘la bruja de Campanas’. Yo también estoy cansado de ver balones en largo, de un equipo empeñado en defender, de no proponer vistosidad alguna, de la inexistencia del centro del campo, del discurso vacío de jugar con intensidad y concentración, de las dificultades para hacer gol… en resumen, sí, yo también me he aburrido. Como afición exigente que somos, queremos algo más. Queremos fútbol un pelín más atractivo. Pero también tengo presente que nunca estamos contentos con lo que tenemos. Si echo la vista atrás, recuerdo la etapa de Luis César Sampedro. Un técnico al que, incluso cuando el equipo iba bien, se le recriminaba su afán por sacar el balón jugado desde atrás, se le echaba en cara “tanta tontería entre el portero y los defensas” y se le exigía más verticalidad. Pues con Enrique Martín ha sucedido lo mismo, pero al revés. Como en todo ámbito en la vida, en el término medio está la virtud, pero es muy complejo dar con ese término medio.

Ver al Albacete de Enrique Martín ha sido un bodrio. Estoy con ustedes. No obstante, me veo obligado a ofrecer argumentos a favor del navarro. Aunque le pese a muchos, el técnico ha sido el auténtico artífice de la permanencia. Llegó al club tras siete jornadas, con el equipo penúltimo, siendo el segundo bloque más goleado y el segundo menos goleador y ofreciendo, con José Manuel Aira al frente, unas sensaciones de incapacidad y vulnerabilidad intolerables. De seguir así, para nada es descabellado pensar en un prematuro retorno a Segunda ‘B’. Desde que Martín tomó las riendas, el Alba sólo perdió un partido de los nueve siguientes, haciéndose respetar en casa y abandonando el descenso en la jornada 13 para ya no volver. Éramos una banda total y absoluta, pero, como dijo el míster, nos convertimos en “una banda organizada”. Una metamorfosis que llevó a un equipo que no invitaba a presagiar nada bueno a la undécima posición a inicios de la segunda vuelta y que incluso gozó de 12 puntos de colchón sobre el descenso a nueve partidos para el final.

En contra de Martín están las sensaciones con las que hemos llegado al término del curso y esas once últimas citas sin vencer. Me juego la melena a que, allá por enero, febrero, marzo e incluso comienzos de abril, no se contemplaba otra opción que no fuese renovar al revulsivo. El equipo no ha ofrecido fútbol y se ha salvado por los pelos, pero yo creo que un recién ascendido, que sólo busca estabilidad y que encima arranca fatal la temporada está obligado a ser resultadista. Y los resultados son que Martín ha mantenido la categoría, ha cumplido su cometido, aunque no haya sido de la manera más solvente. ¿Firmaban ustedes acabar la campaña de la forma que la hemos acabado tras los primeros siete partidos con José Manuel Aira?

Para terminar, romperé otra lanza en favor del míster. Él se encontró un equipo ya confeccionado. Un grupo con diversas carencias y superado por un arranque de liga nefasto. Enrique Martín hizo competir a ese bloque de jugadores, al que le faltaban ideas claras, fortaleza anímica y, sobre todo, calidad. El técnico no dispuso de pretemporada, no pudo confeccionar un vestuario con peticiones propias y salió a flote con lo que tenía. Por tanto, qué menos que darle la oportunidad de hacer un equipo a su gusto y dejarle trabajar. Quizás, sólo quizás, veríamos algo más de lo que hemos visto este curso. Nunca lo sabremos. Así que, don Enrique, muchísimas gracias por su dedicación, su trabajo y por ser diferente al resto en rueda de prensa. Por lo que ha conseguido, en Albacete le vamos a recordar con honores. No le quepa duda de que, si no es por usted, el pozo nos habría tragado de nuevo.

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