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Quien no crea en la magia, que entre en La Bombonera

La Real Academia Española define el verbo contagiar como “la acción de transmitir una enfermedad a alguien”. Precisamente, para ejemplificar dicha definición, expone la siguiente frase: “Nos contagió su entusiasmo”. Si el entusiasmo hay que tomarlo como enfermedad según este estamento lingüístico, he de admitir que yo he salido enfermo las dos veces que he visitado La Bombonera de Almansa esta temporada.

Antes de nada, he de admitir que dentro de mi labor periodística, me considero una persona bastante fría y calculadora, que en muy contadas ocasiones se deja llevar por las pasiones que levantan los deportes, sobre todo a nivel local, en sus aficiones. A eso hay que añadir mi enorme pasión por el fútbol y toda la cultura que lo envuelve. No es que no me interese por otro tipo de deporte, pero dentro de la actualidad deportiva, lo futbolístico es lo que más pasión levanta y levantará en mí.

Por eso, tras lo anteriormente expuesto, adquiere más valor el torrente de sentimientos que he sentido las dos veces que he ido a presenciar dos encuentros del AFANION CB Almansa esta temporada. Tan solo con una idea baloncestística muy general, yo me presenté en La Bombonera en el encuentro entre los almanseños y el Real Madrid. Jamás, y repito, jamás he conocido el ruido como en ese pabellón municipal se me presentó, con una afición que por su colocación convertían su ensordecedor apoyo en una gran presión para el rival. En contraposición, para los chicos de Rubén Perelló esa constante implicación de la grada hacía las veces de un gran nórdico donde resguardarse las noches más gélidas de invierno.

Es imposible escapar de la pasión que en las gradas del Pabellón Municipal de Almansa se vive. O te contagias o te contagias. Aquel emocionante encuentro ante el Real Madrid acabé de los nervios, celebrando cada punto como si de cualquier gol de mí equipo de fútbol se tratase. Me sentí parte de ellos, experimentando las mismas sensaciones de intimidación al rival mediante un respeto francamente destacable en una época donde el insulto a cualquiera que luche en contra de tus objetivos está a la orden del día.

Pues bien, ayer volvió a ocurrir. AFANION CB Almansa se jugaba el ascenso a LEB Plata y si aguanté los cinco primeros minutos del partido sin implicarme en el mismo estaría exagerando. El temor de que no se completara tal hazaña se apoderaba de mí cuando el rival aumentaba su renta de puntos. Mientras, la afición almanseña enfervorecida demostraba su fe en un equipo que solo ha generado alegrías de un tiempo a esta parte.

La tranquilidad del positivo resultado en el último cuarto rebajó algo mis nervios. Un nerviosismo que desembocó en emoción. No sabría explicar muy bien por qué, pero el cúmulo de sensaciones y sentimientos en ese momento cristalizó mis ojos de emoción. La pasión de La Bombonera entró en mi corriente sanguínea y yo no pude evitarlo. Vi lágrimas de emoción en algunos empleados del club. Observé la alegría desbordante de un grupo de deportistas y staff técnico que cree en el trabajo como piedra angular para conseguir los objetivos.

Mi profesión consiste en hacer llegar a los lectores la información lo más desgranada y entendible posible. Pues bien, yo aún no puedo explicar qué me ocurre al atravesar los muros de ese pabellón. Si no creen en la magia, solo entren y disfruten de esa comunión.

Ah, por cierto, y ahora en una categoría superior.

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