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La maldición de los números 1 del Draft de la NBA

Ser elegido en el primer lugar del Draft de la NBA no es sinónimo de triunfo. Repasamos algunos de los casos más flagrantes

Si hay una liga que sabe mimar a sus jugadores esa es la NBA, la liga privada de baloncesto profesional en Estados Unidos y que se disputa de forma ininterrumpida desde 1946, añadiéndose en la década de los 90 su país vecino, Canadá. Allí, los jugadores gozan de un alto estatus y un salario muy digno para cualquier recién llegado a la liga, por lo que con solo estar en la NBA la condición de un deportista del mundo de la canasta crece. De hecho, aunque no tenga éxito en su paso por las Américas, su caché crece y es tremendamente fácil que encuentre acomodo en otras ligas. De ahí que, para muchos, alcanzar la NBA sea un sueño y una meta por cumplir.

Para llegar a esta competición, existe el Draft. Es un sistema para el cual se muestran como elegibles todos aquellos deportistas que hayan cumplido, mínimo, 19 años. También, si cumplen una serie de premisas, son seleccionables todos aquellos jugadores que hayan cumplido 22 años o si han jugado al baloncesto con un contrato profesional en cualquier otra competición de Estados Unidos ajena a la NBA. En el Draft, hay dos rondas, de 30 elecciones cada una de ellas, y los equipos eligen acorde al futuro del jugador y necesidades del club. Además, el salario de los jugadores varía según la posición en la que sean seleccionados, siendo, lógicamente, el número 1 el puesto más codiciado. Pero ese lugar también conlleva una gran responsabilidad, y no todos los números 1 del Draft han sabido llevarla a sus espaldas. En algunos casos, ser elegidos en la primera posición ha supuesto, más bien, una maldición. Repasemos algunos de esos nombres.

Anthony Bennett (número 1 en 2013, elegido por Cleveland Cavaliers)

Seguramente su elección como número 1 fuera una de las más controvertidas en un Draft que no contaba con el renombre de otras ediciones, pero del que salieron nombres interesantes como Giannis Antetokounmpo (15 por Milwaukee Bucks), Nerlens Noel (7 por New Orleans Pelicans) o Victor Oladipo (2 por Orlando Magic). A destacar la no elección de todo un campeón de la NBA como Matthew Dellavedova, que no convenció a ninguno de los equipos de la liga para acabar firmando posteriormente por Cleveland Cavaliers.

Para Anthony Bennett, su físico no le acompañó desde el principio e incluso se le vio visiblemente pasado de peso al comenzar su andadura por la NBA. No gozó de la confianza de unos Cleveland Cavaliers entonces en reconstrucción, y sus estadísticas le mostraron como uno de los peores número 1 del Draft en su año de debut. Solo un año aguantó en Cleveland, poniendo rumbo a los Minnesota Timberwolves, donde fue cortado apenas en septiembre de 2015. Toronto Raptors y Brooklyn Nets intentaron rescatarle, pero en ninguno de los equipos demostró por qué fue elegido número 1.

Una vez alejado de la NBA, Bennett marchó a Europa y cabe destacar que ha encontrado su hueco. Sin ir más lejos, fue figura clave para que el Fenerbahçe Ülkerspor acabara campeón de la Euroliga en la 16/17.

Greg Oden (número 1 en 2007, elegido por Portland Trail Blazers)

Greg Oden En este caso, no había dudas sobre quién sería elegido en primer lugar. Greg Oden, un enorme pívot con grandes condiciones físicas para el baloncesto y que sobresalió en su único año como universitario (15,7 puntos y 9,6 rebotes por partido), estaba llamado a ser el nuevo dominador de la pintura. Un renovado Shaquille O’Neal en el que se fijaron en Portland para relanzar el equipo y reconstruir a su alrededor. Como muestra de su superioridad, solo otro nombre era capaz de sonar en las quinielas con opciones de arrebatarle el número 1, un ‘tal’ Kevin Durant (elegido número 2 por los Seattle Supersonics).

Pero su calvario arrancó en pretemporada. Tuvo que pasar por quirófano y se perdió su primera temporada como jugador de la NBA, sin llegar a debutar. Un año después, en la 08/09, sí logró cierta regularidad, jugando 61 partidos, donde no se vio todo el potencial que de él se esperaba (un jugador de 2,13 metros con buenos fundamentos ofensivos y una innegable capacidad en defensa), aunque sí hubo destellos para confiar en su futuro. En cualquier caso, por aquel entonces se rumoreaba su fragilidad mental, hablando de un Oden al que le afectaban demasiado las críticas y los malos partidos, y al que afectaba la presión de ser considerado una súper estrella de la NBA antes de aterrizar en la liga.

Para la 09/10, volvieron los problemas en sus rodillas y participó en solo 21 partidos, debido a una grave lesión al principio de curso. Y fue prácticamente el inicio de su final deportivo, ya que no volvió a jugar con los Portland Trail Blazers ni en la 09/10 ni 11/12, siendo finalmente cortado tras cinco temporadas en el equipo. Toda vez que tomó un año sabático para recuperarse al 100% de sus lesiones, volvió a la liga bajo el paraguas de Miami Heat, en la 13/14, con quienes llegó a jugar la final de la NBA, pero sin ser un jugador referencia como de él se esperaba en sus inicios. Aquel fue, además, su último año como jugador.

En total, siete temporadas en la NBA, de las que cuatro fueron en blanco. Sus problemas con el alcohol, o incluso la filtración de algunas fotos completamente desnudo, tampoco ayudaron a que acabara resurgiendo como el coloso que se esperaba.

Andrea Bargnani (número 1 en 2006, elegido por Toronto Raptors)

620-bargnani-121107-thumb-620xauto-250790 El italiano fue el primer jugador europeo, el sexto no americano, y el segundo sin experiencia en universidades o institutos estadounidenses que era elegido en primer lugar del Draft. Comparado desde los orígenes con el alemán Dirk Nowitzki, debido a su innata capacidad de lanzamiento exterior para un hombre de su altura (2,13 metros), su elección más bien fue una losa pesada. Sí es cierto que ha hecho carrera en la NBA, pero nunca ha sido un jugador sobre el que construir un equipo, algo que pagó en sus primeros años con los Toronto Raptors.

Su año de debut acabó incluido en el quinteto inicial de los novatos, pero fue a partir de la siguiente campaña cuando empezó a recibir críticas. Especialmente duro se mostró su compañero de equipo, y entonces líder de los Toronto Raptors, Chris Bosh, que le acusaba de ser blando en defensa y no aportar lo suficiente en la parcela ofensiva. No sería hasta enero de 2009, cuando empezó a sumar en torno a 20 puntos por partido, pero sus capacidades defensivas le arrastraron de por vida en la NBA.

Tras dos campañas en los New York Knicks (13/14 y 14/15) y otra con Brooklyn Nets (16/17), puso final a su carrera en la NBA con unos promedios de 14,3 puntos por partido en toda su trayectoria. No son números malos, pero su incidencia en sus equipos fue inferior a la que se espera en un número 1, sobre todo si tenemos en cuenta que de su promoción salieron nombres con tanta influencia en la liga como LaMarcus Aldridge (número 2 por Chicago Bulls y traspasado inmediatamente a Portland Trail Blazers), Brandon Roy (número 6 por Minnesota Timberwolves y traspasado también a Portland Trail Blazers), Rudy Gay (número 8 por Houston Rockets, traspasado a los Memphis Grizzlies), o los bases Rajon Rondo y Kyle Lowry (número 21 y 24, elegidos por Phoenix Suns y Memphis Grizzlies respectivamente).

Joe Smith (número 1 en 1995 por los Golden State Warriors)

Fuente: www.rantsports.com
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En la década de los 90, Golden State Warriors no era ni por asomo el equipo que es actualmente. Uno de los peores equipos de la liga y que confió en Joe Smith para resurgir en la NBA. Un ala pívot de 2,08 metros que promedió 20,2 puntos, 10,7 rebotes y 3,1 tapones por partido en sus dos años de Universidad. Unos números que le hacían soñar con un buen puesto en el Draft, y que finalmente convencieron a los directivos del equipo californiano.

Su año de debut fue prometedor, siendo elegido en el mejor quinteto inicial de los rookies. Pero salvo sus dos primeras temporadas en la NBA, con una segunda campaña donde firmó 18,9 puntos por partido, el resto fue a menos. Tuvo una larga trayectoria en la liga, con 16 temporadas en activo, pero su mayor récord consiste en ser el jugador de la historia que más camisetas de la NBA ha vestido (hecho que comparte con Chucky Brown, Tony Massenburg y Jim Jackson). Pasó por hasta 12 equipos, lo que da una muestra de su inconsistencia como jugador. Como anécdota, su último equipo fue Los Angeles Lakers, en la 10/11, cuyo fichaje por el equipo angelino servía para dar descanso al español Pau Gasol.

Su elección como número 1 choca especialmente si vemos otros nombres de aquel año, especialmente el de Kevin Garnett (número 5 por Minnesota Timberwolves) o con otros jugadores solventes en la NBA como Michael Finley (21 por Phoenix Suns), Damon Stoudamire (7 por Toronto Raptors) o Rasheed Wallace (4 por Washington Bullets), entre otros.

Pervis Ellison (número 1 en 1989 por Sacramento Kings)

Pervis Ellison Antes de aquellos Sacramento Kings que enamoraron en la década de los 90 con su juego alegre y vistoso, con jugadores como Jason Williams, Vlade Divac, Peja Stojakovic o Chris Webber, llegó uno de los mayores fiascos en la historia de los Drafts. La elección de Pervis Ellison en 1989 estaba llamada a cambiar el rumbo de la franquicia. Unos números de 17,6 puntos, 8,7 rebotes y 3,5 tapones por partido, en sus cuatro años como universitario, avalaban su elección. Pero su periplo por Sacramento duró tan solo un año.

Desde su incorporación a los Kings vivió frustrado por las lesiones. En su temporada como rookie jugó tan solo 44 partidos, ganándose el poco cariñoso mote de Out of Service Pervis (Fuera de servicio Pervis), por parte de su compañero de equipo Danny Ainge (actualmente director ejecutivo de los Boston Celtics).

Tras ser traspasado a los Washington Bullets en la 90/91, vivió su mejor campaña en la NBA en la 91/92, siendo elegido jugador más mejorado respecto a la anterior temporada, lo que llevó a pensar que los Sacramento Kings se precipitaron con él. Pero las lesiones volvieron a hacer mella, y sus rodillas dijeron basta. Intentó regresar a la NBA, firmando en 1994 como agente libre con los Boston Celtics, donde rindió a muy bajo nivel, y posteriormente en el año 2000 con los Seattle Supersonics, donde solo jugó 40 minutos.

Brad Daugherty y Len Bias (número 1 y 2 del Draft de 1986)

Brad Daugherty Para acabar este reportaje, destacamos el Draft de 1986, seguramente uno de los más recordados con el paso del tiempo, pero por la fortuna de sus dos primeros ocupantes, quienes estaban llamados a marcar una era en el baloncesto (especialmente en el caso de Bias).

El número 1, Brad Daugherty, fue elegido por los Cleveland Cavaliers, y desde el principio demostró ser una opción fiable. Incluido en el mejor quinteto del país en 1986, se esperaba que elevara el nivel de la franquicia de Cleveland, algo que consiguió durante las ocho temporadas que allí jugó. Con estadísticas que rondaban los 20 puntos y 10 rebotes por encuentro, llegó a ser elegido en cinco ocasiones para el All Star Game. Sin embargo, las lesiones lastraron una carrera de la que siempre se pensará que pudo haber sido mejor. Sin ser decepcionante, sí que fue, cuanto menos, inferior a lo que se auguraba de él. Acabó retirándose a los 28 años.

Pero si su paso no fue del todo brillante, siempre quedará la incógnita de lo que podría haber sido Len Bias, un alero que llegaba como agua de mayo a una NBA con estrellas fulgurantes por aquel entonces como Michael Jordan (con quien era comparado desde el inicio), Larry Bird o Magic Johnson. Antes de su elección en el Draft (número 2 por los Boston Celtics, entonces campeones de liga) se presagiaba que Bias estaría entre los dominadores de la liga, con influencia desde el primer encuentro. No obstante, un día después del Draft firmó con Reebok un acuerdo de patrocinio, por un valor de 1.6 millones de dólares, para los próximos 5 años. Pero esa misma noche, el 18 de junio de 1986, falleció a causa de una sobredosis de cocaína en una fiesta con sus amigos…

Otros casos

Quizás no tan llamativos, pero también con ciertos problemas para justificar su número 1 hay otros nombres. El pívot chino Yao Ming (número 1 en 2002 por los Houston Rockets) demostró tener una tremenda calidad en la pintura, pero también su fragilidad a la hora de caer lesionado. El pívot Ralph Sampson, número 1 en 1983 por los Houston Rockets también, vivió una interesante carrera deportiva en la NBA, pero tuvo la ‘desgracia’ de ser elegido en dicho lugar por delante de un tal Michael Jordan, estigma que arrastró en su parte final de trayectoria.

Más recientes son los casos de Michael Olowokandi (1998 por Los Angeles Clippers) y Kwame Brown (2001 por Washington Wizards), quienes no respondieron jamás a las expectativas que genera un número 1 del Draft, a pesar de su amplia carrera en la NBA.

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